Beguinas: mujeres espirituales y libres

En el beguinaje ser cristiana y libre era difícil pero esencial

Quemaron viva a Margarita Porete en la popular plaza de Grève en París por hereje. Nunca rectificó sus ideas ante una Inquisición que, entre otras cosas, la acusaba de no escribir en latín. Ella expresaba sus experiencias con Dios en soledad y, para que todo el mundo tuviera acceso a estas místicas vivencias, lo hacía en su lengua vernácula. Las personas que asistieron a su ejecución se sorprendieron de su plante seguro y sereno.

Esta cristiana discordante se retroalimentó de su actitud con las mujeres pertenecientes a la organización de las beguinas, organización formada por mujeres cristianas y laicas.

 ¿Quienes fueron las beguinas?

La información que existe de esta organización es limitada ya que la Iglesia se encargó de hacer cenizas cualquier rastro de estas mujeres. Quemó a algunas pertenecientes a dicha organización y después las despojó de sus bienes para dárselo a la Orden de las Carmelitas.

Las beguinas fueron un conjunto de mujeres que se unieron y crearon una organización cuyo credo era la libertad y la servidumbre. Eran fieles a Dios pero no aceptaron intermediarios para comunicarse con él como tampoco acataron los votos correspondientes de castidad, pobreza y obediencia.

Eran fieles a Dios pero no aceptaron intermediarios para comunicarse con él como tampoco acataron los votos correspondientes de castidad, pobreza y obediencia.

 Toda la caridad posible que realizaron no fue suficiente y pagaron caro ser dueñas de ellas mismas y sus decisiones. Por ello el Papa Clemente V decretó, alrededor del 1312, que su modo de vida debía ser prohibido definitivamente y excluido de la Iglesia de Dios.

Faldas cortas y anchos corazones

Decían sus paisanos que a veces las beguinas enseñaban las vergüenzas con sus faldas, no hay que olvidar lo que representaba hacer esto en plena Edad Media. La moral de la sociedad estaba marcada por el péndulo de la religión cristiana y su machismo evidente . Pero estas mujeres firmes a sus convicciones aprendieron a bordear los límites de la libertad y de la solidaridad.

La organización estaba formada por mujeres viudas o solteras que pretendían entregar su vida a Dios. Proclamaban su palabra, con menos verborrea y más actos: ayudaban a enfermos a su curación, o los acompañaban en el camino hacia la muerte,  cultivaban lo que comían y su intelecto. Como muchas de ellas sabían leer y escribir trabajaban de copistas, autofinanciándose ellas mismas. Aún y así todas escribían para sanar el alma y expresar sus sensaciones, pensamientos y represiones.  

Comprendieron que el destino se recibía mejor si estaban unidas, por lo que aparte de acoger a todas las mujeres con necesidad prestaban sus casas el tiempo que necesitaran, y después, cada cual elegía libremente si quedarse o marcharse. Incluso el beguinaje, lugar donde residían, estaba constituido de una manera particular. Un conjunto de casas agrupadas rodeaban un gran jardín, simulando el círculo de la unión. Esta especie de comuna fue copiada por algunos hombres que decidieron trabajar de igual modo y tomaron el nombre de begardos. 

Se podría decir que constituye todo un ejemplo de sororidad entre mujeres, y un ejemplo más de que el clero, constituido por hombres, procuró eliminar cualquier semilla de libertad para ellas, sus hijas y, en definitiva, todas las mujeres que nacimos después.

Esta comuna también fue copiada por algunos hombres que decidieron trabajar de igual modo y tomaron el nombre de begardos.

Fdo: Isabel Lora García

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