“¿Está nuestra libertad ahí fuera?”

El centro penitenciario de mujeres de Sevilla, ubicado en el pueblo Alcalá de Guadaíra, recoge a 20 niños que se encuentran al cuidado de madres en prisión.  

Ainoa tiene 20 años y va a pasar sus próximos 4 en la cárcel. Desde hace tres semanas Aitor, su hijo recién nacido, acompaña sus noches en la celda donde duerme. Ella lo cuida acompañada de otras madres y educadoras que colaboran con la crianza.

La mayoría de las personas se escandalizan cuando piensan que madres encarceladas tienen al cuidado a sus hijos. Sin embargo, no piensa lo mismo la directora de este centro alcalareño María Isabel Cabello: “al pasar por aquí les espera un futuro mejor”.  La mayoría de los hijos de las mujeres reclusas no están inscritos en el registro civil, señala la directora en el cargo desde 2008, y esto conlleva pésimas consecuencias. La pedagoga del centro Cristina Montañés, nos cuenta una anécdota sobre una presa que no recordaba ni el día, ni el año, ni el mes en que nació su hijo. Cuando le preguntaron a su madre cuál era la edad del niño ella contestó que nació en el tiempo de los tomates. Una referencia que tuvo que estar apoyada por un médico forense que determinó la edad del niño. “El hecho por tanto de que pasen por aquí significa que están en la red pública y tienen un seguimiento por parte de Asuntos Sociales desde que salen hasta que cumplen 18 años”.

Actualmente, además, se han conseguido unas condiciones que permiten que el desarrollo del niño se lleve a cabo con mucha más normalidad. Este centro penitenciario sevillano fue construido en un principio para internar a presos de carácter militar. Pero el poco uso que tuvo y el aumento de mujeres entre la población reclusa hizo que dicha cárcel se destinara específicamente a éstas.

La entrada en vigor del artículo 38 de la Ley Orgánica General Penitenciaria, la cual permitía que los niños menores pudieran estar con las madres, es la causa principal de que los responsables de la institución penitenciaria se pusieran manos a la obra para adecuar los espacios a la población más vulnerable, los niños.

Así pues desde la década de los 80 se destinaron fondos para la mejora del desarrollo del niño. Como nuevas estructuras construyeron las Unidades Dependientes, las Unidades de Madres, Escuelas Infantiles y el Módulo Familiar. A pesar de todos estos avances, los niños que estaban con sus madres residían la mayor parte del tiempo dentro de las prisiones, y como dice la directora Isabel Cabello, “pretendíamos por todos los medios que los niños percibieran lo menos posible que estaban en una prisión. Que vieran lo menos posible, por ejemplo, las rejas”. En 2004, la Secretaria General de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, se encarga de que nazcan Las Unidades Externas de Madres. El modelo arquitectónico de estas unidades intenta alejarse de los centros penitenciarios con el fin de integrarse en comunidad. Un centro sanitario justo en frente de la Unidad de Madres vigila la salud de éstos. Estos consultorios, advierte la directora “no lo tendrán en frente de sus casas cuando salgan del centro”.

Las mencionadas construcciones son totalmente excepcionales en la historia española carcelaria de mujeres, las cuales permanecieron siempre relegadas a edificios en desuso o espacios subsidiarios en los centros destinados a hombres.  

Cabe mencionar la prisión femenina de Ventas de Madrid, construida gracias al coraje de Victoria Kent en 1934 y que contenía unas condiciones flamantes tanto para las mujeres como para los niños. Desgraciadamente el funcionamiento pleno de esta cárcel fue truncado por los acontecimientos de la Guerra Civil y sus consecuencias.

Pero tras los murales altos construidos también se encuentra un vasto estudio y trabajo con las madres y los niños que aquí viven. Por eso decidieron tras años de experiencia que la edad de salida de los niños fuera de tres años. En un principio estipularon la edad de seis, sin embargo, como dice el policía de guardia que, cuando cumplen los tres años, son totalmente conscientes de donde están. Interiorizan frases como “¡mujeres, recuento!” y lo van gritando cuando salen. Aunque la edad del niño cuando se marcha de aquí es corta, los educadores se esfuerzan para que continúen las relaciones familiares y no suponga un duro trance para el niño adaptarse a la nueva vida que le espera.  

Algunos no tienen a donde ir, es una realidad. En ese caso, se buscan orfanatos o posibles familias de adopción, de lo que se ocuparía Asuntos Sociales mediante un minucioso trabajo, que no cesará una vez los dejen con la familia que elijan. Las mujeres por su lado, también se encuentran ocupadas en labores. Algunas son remuneradas y otras veces son para su propia formación. Ainoa, por ejemplo, estudia la ESA, trabaja en el comedor de la cárcel y le pagan por ello. “Estoy aprendiendo a cocinar, la directora puede corroborarlo, prueba todos los días la comida antes que los demás. Estoy muy contenta e intento ahorrar para dárselo a mi hijo cuando salga de aquí”. Otras también están destinadas en la guardería durante todo el día y a ayudar a las educadoras pero sólo si son mujeres de confianza. “Se adquiere el reconocimiento de mujer de confianza cuando tras un largo periodo en prisión no causa problemas y tras haberse consensuado con todos los responsables y personas que trabajan con ella”, explica Cristina.

Fdo. ISABEL LORA GARCÍA

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