La Campana de Cristal

 

The Bell Jar,  Sylvia Plath – 1963

“Creo que tenía que estar tan emocionada como la mayoría de las demás chicas, pero no lograba reaccionar. Me sentía muy tranquila y muy vacía, como debe de sentirse el ojo de un tornado que se mueve con ruido sordo en medio del estrépito circundante”.
“Sugerían toda una vida de maravillosa y elaborada decadencia que me atraía como un imán”.
“Al cabo de diecinueve años de correr tras buenas calificaciones y premios y becas de una u otra clase, estaba abandonado, disminuyendo la velocidad, saliéndome abiertamente de la carrera”.
“Toda mi vida me había dicho a mí misma que lo que quería era estudiar y leer y escribir y trabajar como loca, y, de hecho, parecía ser cierto”.
“No dejes que esta depravada ciudad te deprima”.
“Y, por supuesto, Buddy no sabría qué responder porque lo que yo decía era cierto. La gente estaba hecha nada más que de polvo y yo no veía que curar todo aquel polvo fuera mejor que escribir poemas que la gente recordaría y se repetiría a sí misma cuando se sintiera infeliz o enferma y no pudiera dormir”.
“Pensé que sería precisamente el tipo de droga que un hombre inventaría. Había allí una mujer con terribles dolores, sintiéndolos evidentemente, segundo a segundo, o no gritaría así, y se iría directamente a su casa y empezaría otro bebé, porque la droga le haría olvidar cuán horrible había sido el dolor, mientras constantemente, en alguna parte secreta de su ser, aquel corredor de dolor, largo, ciego, sin puertas, sin ventanas, esperaba para abrirse y volver a cerrarse tras ella nuevamente”.
“Podría no hacerme más feliz, pero sería un granito más de eficiencia entre los demás granitos”.
“Quería dictar mis propias emocionantes cartas”.
“En lo único que destacaba era en ganar becas y premios, y esa época se acercaba a su fin.  Me sentí como un caballo de carreras en un mundo sin pistas o como un campeón universitario de fútbol, súbitamente enfrentado con Wall Street y un traje de ejecutivo, sus días de gloria reducidos a una pequeña copa de oro sobre la repisa de su chimenea, con una fecha grabada en ella como la fecha de una lápida”.
“Inspiré profundamente y escuché el antiguo estribillo de mi corazón. Yo soy. Yo soy. Yo soy”.
“Me vi a mí misma sentada en la bifurcación de ese árbol de higos, muriéndome de hambre sólo porque no podía decidir cuál de los higos escoger. Quería todos y cada uno de ellos, pero elegir uno significaba perder el resto, y, mientras yo estaba allí sentada, incapaz de decidirme, los higos empezaron a arrugarse y a tornarse negros y, uno por uno, cayeron al suelo, a mis pies”.
“Pensaba que experimentaría un cambio espectacular el día en que cruzara la línea divisoria”.
“Quería cambio y emoción y salir disparada en todas las direcciones yo misma, como las flechas de colores de un cohete un Cuatro de julio”.
“También recordé a Buddy Wollard diciendo en un tono siniestro y malicioso que después de que yo tuviera niños sentiría de una manera diferente, no querría escribir más poemas. Así que empecé a pensar que tal vez fuera cierto que casarse y tener niños equivalía a someterse a un lavado de cerebro, y después una iba por ahí idiotizada como una esclava en un estado totalitario privado”.
“- Neurótica, ¡ja! – solté una risa desdeñosa – Si ser neurótica es decir dos cosas mutuamente excluyentes en el mismo momento, entonces soy endemoniadamente neurótica. Estaré volando de una cosa a otra cosa mutuamente excluyente durante el resto de mi vida”.
“Secretamente, en estudios y áticos y dormitorios escolares de toda América, la gente debía de estar escribiendo”.
“También tenía una vaga idea deque si caminaba sola por las calles de Nueva York durante toda la noche quizás algo del misterio y la magnificencia de la ciudad se desprendiera finalmente de ella y se me adhiriera”.
“Soy una observadora “.
“La domesticada soledad de pino, arce y roble se detuvo y quedó pegada en el marco de la ventanilla como un mal cuadro”.
“Sentía que era muy importante no ser reconocida”.
“Toda la parafernalia de la infancia suburbana allí derramada”.
“Quería hacer todo de una vez por todas y terminar”.
“Cuando algo les salía mal se arrancaban las entrañas”.
“Era como si lo que yo quería matar no estuviera en esa piel ni en el ligero pulso azul que saltaba bajo mi pulgar, sino en alguna parte, más profunda, más secreta y mucho más difícil de alcanzar”.
” No, no estaba en una isla; estaba en una isla, pero rellenaron el agua con tierra y ahora está unida a tierra firme”.
“Las flores asentían como niñas brillantes, sabihondas; mientras yo las arrastraba por el pasillo”.
“El silencio volvió a su cauce, suavizándose como se suaviza el agua negra hasta que la vieja calma retorna a su superficie después de habérsele arrojado una piedra”.
“También odio que la gente pregunte alegremente cómo está uno cuando sabe que se siente infernalmente, y espera que uno diga  «Muy bien»”.
“Si la señora Guinea me hubiera dado un pasaje a Europa, o un viaje alrededor del mundo, no hubiera habido la menor diferencia para mí, porque donde quiera que estuviera sentada – en la cubierta de un barco o en la terraza de un café en París o en Bangkok – estaría sentada bajo la misma campana de cristal, agitándome en mi propio aire viciado”.
“Joan delimitando el abismo entre mi persona y los que estaban casi bien”.
“Joan era el radiante doble de mi antiguo y mejor yo, diseñado especialmente para seguirme y atormentarme”.
“Lo que yo tenía que hacer era extender la mano y reclamar mi bandeja, y el mundo estaría normal”.
“- Comenzaremos donde lo dejamos, Esther – había dicho, con su dulce sonrisa de mártir – Actuaremos como si todo esto fuera una pesadilla.
– Una pesadilla.
Para la persona encerrada en la campana de cristal, vacía y detenida como un bebé muerto, el mismo mundo es la pesadilla!.
“… bajo la inundación, como si el orden acostumbrado del mundo hubiera variado ligeramente y hubiera entrado en una nueva fase”.
“El rostro de un hombre que con frecuencia no obtiene lo que quiere”.
“Pero no estaba segura. No estaba segura en absoluto. ¿Cómo podría yo saber si algún día en la universidad, en Europa, en algún lugar, en cualquier lugar, la campana de cristal con sus asfixiantes distorsiones, no volvería a descender?”.
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