El secreto de Joe Gould

 

Joe Gould´s Secret, Joseph Mitchell –  2000 (Artículos 1942 y 1964)

“Su mejor obra y no es posible mostrarla en público. Una especie de obra maestra subterránea”.
“No quiero decir que Joe fuera un exhibicionista. Estoy segura de que no… en el sentido técnico. Con todo, para ser sincera, años atrás, cuando lo observaba en alguna fiesta, siempre tenái la sensación de que era un exhibicionista en el fondo, que estaba encerrado en sí mismo e intentaba salir como una araña de una botella. Un exhibicionista aterrador… de los que se ven en el metro por la noche. Probablemente él no lo sabía. Por eso lo pinté así”.
“Mediante el olvido de lo deshonroso, o la lenta transformación de lo deshonroso en honorable, al modo en que uno tiende a pensar en los muertos”.
“El invierno de 1932 fue en Nueva York el peor de la Depresión”.
“En mis tiempos había entrevistado a varios bohemios de Greenwich Village y me habían resultado sorprendemente pelmazos”.
“Me gusta caminar junto al río pequeño que serpentea por el sudeste de la ciudad, el Neponset. Y me gustaba vagar por un ruinoso, enmarañado cementerio de Nueva Inglaterra que había justo detrás de nuestra casa de Washington Street. La maleza llegaba a la cintura, de modo que tumbándose uno quedaba escondido. Oculto allí se podía especular sobre las capas y capas de esqueletos que yacían de espaldas bajo la tierra”.
“Ahí tiene una de las cosas más puñeteras que he descubierto sobre las emociones humanas y lo traicioneras que llegan a ser: que por mucho que uno deteste un sitio en cuerpo y alma, puede echarlo muchísimo de menos. Por no hablar de cuánto puede echar uno de menos a alguien aunque uno lo odie con toda el alma”.
“Quizás todo el resto de lo que he hecho desaparezca, pero gracias a ellos seré inmortal”.
“El Dial es la revista literaria más grande que se ha publicado en este país. Publicó un montón de obras maestras y casi maestras, aparte de muchas rarezas y monstruosidades, y mientras se hable y se escriba en inglés se encontrarán ejemplares encuadernados en las principales bibliotecas del mundo “.
“A comienzos de los años treinta, debido a la depresión mucha gente del Village se interesó por el marxismo y se volvieron extremistas. De repente la mayoría de los poetas se volvieron poetas proletarios, la mayoría de novelistas se volvieron novelistas proletarios y la mayoría de pintores se volvieron pintores proletarios”.
“El problema era que que, cuanto más radicales, más sabihondos se volvían. Y más petulantes. Y más autosuficientes. Iban a los mismos tugurios del Village adonde habían ido cuando eran bohemios corrientes y hablaban tanto como hablaban antes, con la diferencia de que ya no hablaban de arte, sexo o bebida, sino de la revolución inminente, el materialismo dialéctico, la dictadura del proletariado y qué había querido decir Lenin con tal cosa o Trotski con tal otra, y se comportaban como si las conclusiones que pudieran sacar tuvieran consecuencias para el porvenir del mundo entero”.
“No era la política lo que me molestaba, aunque todo tipo de política me aburre a muerte. Casi tanto como lo demás, era la forma que decían «nosotros». En vez de  «Yo pienso esto», decían «nosotros pensamos que…». No lograba acostumbrarme a ese «nosotros» Me empezó a intimidar”.
“Estaba a punto de decirle una frase optimista cuando percibí que me arriesgaba a parecer presuntuoso; el que no tiene piojos ni pulgas no está en condiciones de minimizar lo desagradables que son ante quien los tiene a montones”.
“Tanto en la autobiografía como en la biografía, lo mismo que en la historia, he descubierto que hay ocasiones en que los hechos no dicen la verdad”.
“Juzgaría que el hombre más cuerdo es el que con más firmeza comprende el aislamiento trágico de la humanidad y persigue con calma sus objetivos esenciales”.
“Yo no soy miembro de los Cuervos; no me dejan unirme (cada vez que surge mi nombre bajan el pulgar) pero me dejan asistir a las reuniones y de vez en cuando me incluyen en un programa. Los Cuervos son la mayor organización poética del Village, pero en todo el grupo no hay un solo peta de verdad. Si se juntaran los mejores que tienen no habían un poeta de tercera. Son pseudopoetas. Imitadores de imitadores”.
“El perfil de Gould salió publicado en The New Yorker el 12 de diciembre de 1942, con el título de «El profesor gaviota» .El día anterior yo tuve que marcharme al sur … y no regresé a Nueva York hasta tres semanas después; de hecho, a comienzos del año siguiente. En mi escritorio me esperaba una pila de cartas de los lectores del Perfil. Había cuarenta y cinco dirigidas a mí y diecisiete dirigidas a Gould. Entre las dirigidas a mí había una del propio Gould”.
“Era un poco como esas personas demasiado tímidas para hablar con desconocidos pero no tanto para atracar un banco”.
“Además, aún no había descubierto la verdad del tiempo; vivía con la ilusión de que me sobraba: tiempo para esto, tiempo para aquello, tiempo para todo, tiempo para perder”.
“El joven reportero pensaba quedarse sólo unos minutos, pero la retórica del viejo lo ha inmovilizado. Aunque le parezca que lo ha oído cien veces, lo tiene en trance”.
“Podéis vivir en los tres tiempos a la vez. A un solo y mismo tiempo… podéis vivir en el pasado, en el porvenir y en el ahora, el aquí y ahora. Escuchando eso, al reportero se le ocurre que no es el Sur lo que él añora sino el pasado, el pasado del Sur y el suyo propio, ninguno de los cuales existió nunca de verdad en la forma que la nostalgia se los ha traído a la memoria, y que ya es el momento de salir del pasado para entrar en el aquí y el ahora; es tiempo de crecer“.
“Cuando el sermón acaba, baja a sus barrios sintiendo que el viejo lo ha liberado y que ya es ciudadano de la ciudad y ciudadano del mundo”.
“Si tenía que hacer el papel de loco, lo haría en un escenario más grande, frente a un público más amistoso. Había ido al Greenwich Village y encontrado para sí una máscara, y se la había puesto y ya no se la había quitado”.
“Sentí disgusto. Yo estaba haciendo lo posible por no desenmascararlo, y resultaba que él hacía lo posible por desenmascararse”.
“Era como un viejo timador castigado por la suerte pero todavía optimista”.
“Pero corremos un serio peligro de que Joe Gould no pueda acabar la Historia oral y esas voces anónimas no nos hablen nunca”.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s