El año del pensamiento mágico

 

The year of the magical thinking, Joan Didion – 2005

“En mitad de la vida estamos en la muerte…”.
“No recuerdo haberle contado a nadie los detalles, pero debí hacerlo, porque todo el mundo parecía conocerlos”.
“… del dolor y las formas en que la gente afronta y no afronta el hecho de que la vida se termina; de lo superficial que es la cordura, de la vida en sí misma”.
“Cuando por fin tuvieron lugar, se quedaron a cierta distancia, separadas de la cotidianidad de mi vida”.
“Mi padre había muerto y mi madre también, y durante una temporada yo iba a tener que andarme con cuidado con las minas, pero aún así me levantaría por las mañanas y mandaría la ropa sucia a lavar”.
“Me sorprendía a mí misma preguntándome, sin experimentar sensación alguna de  falta de lógica, si la cosa también había sucedido en Los Ángeles”.
“Necesitaba estar sola para que él pudiera volver. Aquel fue el principio de mi año de pensamiento mágico”.
“De hecho, se ha escrito mucho sobre la capacidad que tiene el dolor por la pérdida de un ser querido de trastornar la mente”.
“En la mayoría de los niveles superficiales, yo parecía racional. Al observador medio le debía de dar la impresión de que yo entendía plenamente que la muerte era irreversible”.
“Desde niña me habían enseñado que, cada vez que surgía problemas, había que leer, aprender, resolver los interrogantes y acudir a la literatura especializada. La información era control”.
“La PSA representó una época en que la mayoría de las cosas que hacíamos parecía intrascendentes, prodigiosas, un estado de ánimo en el que todo el mundo le parecía natural volar más de mil kilómetros para cenar “.
“Nunca me reconociste mucho el mérito de ser la madre de Cat, pero fui yo quién la crió… entonces oí la bomba y cuándo por fin salí había una parte de ella dentro del sorbete y otra parte en la calle y tú, hijo de la gran puta, tú quieres que alguien se acuerde de ella”. [Extracto de Dutch Shea, Jr ,John Dunne – 1982]
“La muerte estaba muy cerca, en casa”.
“La gente que ha perdido a un ser querido parece desnuda porque se cree a sí misma invisible”.
“Me daba la impresión de haber cruzado uno de aquellos ríos legendarios que separaban a los vivos de los muertos, de haber entrado en un lugar en el que solo me podía ver quienes también habían perdido hacía poco a un ser amado”.
“Había terminado una novela, Nothing Lost, que se encontraba atrapada en ese predecible limbo de tiempo que ha de pasar entre la entrega y la publicación, y (él) estaba atravesando una crisis de confianza igualmente predecible relacionada con el libro que acababa de empezar”.
“¿Por qué seguía yo haciendo hincapié en qué era normal y en qué no lo era, cuando ya nada lo era?”.
“… y me permití pensar por primera vez en lo que iba a tener que hacer para retomar mi vida”.
“Compartía un hábito mental que se suele atribuir a la gente de muco éxito: la fe absoluta en su propio talento directivo”.
“Yo había percibido por primera vez lo que acabé denominando «el efecto torbellino» en enero”.
“No dejaba tiempo para pensar en las promesas que no tenía forma de mantener”.
“¿Acaso me hacía falta revivir hasta la última de mis equivocaciones?”.
“«Cada uno de los recuerdos y expectativas en los que la libido es´ta ligada al objeto es evocado e hipercatexizado, y el distanciamiento de la libido se lleva a cabo respecto a él… Es significativo que nos tomemos con naturalidad esta dolorosa ausencia de placer.» Así explicaba Freud lo que él consideraba el «producto» del dolor, describiéndolo de una forma que recordaba sospechosamente al torbellino”.
“El día del vuelo, cuando por fin llegó, pareció desarrollarse con esa inexorabilidad no lineal de los sueños”.
“Era una queja, un ataque, parte de una pelea. Él nunca entendió que en mi mente yo nunca tenía razón”.
“Hasta ahora solo había pasado por el dolor, pero no por el duelo. El dolor era algo pasivo. El dolor era algo que te pasaba. Pero el duelo, el acto de lidiar con el dolor, requería atención”.
“La muerte no escribía dejando poca marca, no escribía a lápiz”.
“Yo solía contarle mis sueños a John, no para entenderlos sino para deshacerme de ellos”.
“¿Acaso era posible tener rabia y al mimo tiempo sentirme responsable?”.
“Su respuesta tendría que ver con el hecho bien conocido de que la rabia crea culpa y viceversa”.
“No es que no te crea esa respuesta, pero me sigue pareciendo menos sugerente que la imagen sin analizar, el misterio de quedarme a solas en la pista del aeropuerto de Santa Mónica mirando cómo los aviones despegan uno tras otro”.
“Me di cuenta de que, de momento, no podía confiar en mostrarle mi cara coherente al mundo”.
“La mujer que cantaba la canción que decía que había que encontrar el lado positivo creía que el negativo la perseguía”.
“Yo no paraba de decirme a mí misma que llevaba toda la vida teniendo mucha suerte. Lo que esto significaba, tal como yo lo veía, era que ahora no tenía derecho a sentirme desafortunada. Esto era mi versión de no dejarme llevar por la autocompasión. E incluso me lo creía”.
“Quintana me habló de lo que al parecer ella consideraba la distribución injusta de las malas noticias”.
“No me arriesgué a esperar el pánico que estaba a punto de llegarme”.
“Se refería a querer cosas. Se refería a vivir”.
“En la versión del dolor por la pérdida de un ser querido que nos imaginamos, el modelo es la «curación». En ella siempre prevalece cierto progreso. Los peores días serán los primeros”.
“Tenemos miedo de que nuestros actos revelen ese estado que se describe comúnmente como «obcecarse». Entendemos la aversión que la mayoría de la gente siente por el hecho de «obcecarse». Las señales visibles del duelo nos remiten a la muerte, lo cual se interpreta como algo antinatural, como una incapacidad para lidiar con la situación”.
“Viene de esa frustración de todos aquellos impulsos que habían llegado a ser habituales”.
“Soy escritora. Para mí, imaginar lo que alguien diría o haría es tan natural como respirar”.
“Siempre nos imaginábamos que sabíamos todo lo que el otro pensaba, hasta cuando no necesariamente queríamos saberlo, pero con el tiempo he llegado a darme cuenta de que de la verdad es que no sabíamos ni una minúscula fracción de lo que había que saber”.
“No somos animales salvajes e idealizados. Somos seres mortales imperfectos, conscientes de esa mortalidad incluso cuando la apartamos a empujones, decepcionados de nuestra misma complejidad, tan incorporada que cuando lloramos a nuestros seres queridos también nos estamos llorando a nosotros mismos, para bien o para mal. A quienes éramos. A quieres ya no somos. Y a quienes no seremos definitivamente un día”.
“Mientras rememoro esto, me doy cuenta de lo abiertos que estamos al mensaje persistente de que podemos evitar la muerte”.
“¿Por qué pensaba yo que aquella improvisación podía durar para siempre?”.
“Aquello sirvió de símbolo… Me sirvió de profesión de fe en el futuro. Siempre que puedo, aprovecho para inventarme profesiones por el estilo, puesto que en realidad me falta fe en el futuro”.
“Después de cierto números de crisis, el mecanismo que inundaba la situación de adrenalina se quema”.
“La locura se está alejando, pero no hay ninguna claridad que venga a ocupar su lugar”.

 

 

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